La crisis de los jóvenes y adolescentes de Tunja, un vacío silencioso


Opinión
viernes 15 de diciembre de 2017

Jhorman Caricaturas


Hacemos un llamado a re significar el ser adolescente boyacense y todo el potencial que generalmente ...


Empezamos…

Redes sociales, matoneo, tristeza, ideas de suicidio y de muerte, consumo de sustancias nocivas (legales o no), vivencias sexuales irresponsables o mal informadas, maternidades y paternidades tempranas y/o abortos inducidos, adicciones al juego, a los medios tecnológicos y hasta a personas, relaciones afectivas violentas legitimadas (“fue por celos”, “es porque me quiere”, “no es tan grave”, etc., etc., etc.), la vivencia de violencias sociales e institucionales, la percepción de invulnerabilidad “eso le pasa a otros, pero yo soy diferente”, la incursión en prácticas riesgosas de exploración (velocidad + alcohol y otras formas de “ponerse en riesgo”), el mal manejo de emociones (positivas y negativas), el cambio en la relación con la familia y amigos (que no siempre es en buen plan), la definición de la propia identidad (lejos de lo que quieren papá, mamá y otros), la necesidad de revelarse y decir NO, entre otras, es todo lo que se puede ver en el contexto boyacense y colombiano sobre el ser adolescente…

Sumemos: modificaciones corporales, definición de la identidad sexual, el reggaetón (son sus letras y sus bailes), o, por otro lado, esa música del diablo (que en el imaginario paterno y materno lleva a invocar figuras de malignidad), las desapariciones de jóvenes (voluntarias o no), las largas horas a solas en su cuarto (haciendo cualquier cosa o haciendo nada), cambios repentinos de humor y de gustos, y un larguísimo etcétera, hacen parte de la crisis de los padres al tener un hijo que se acerca a la adolescencia y que hace que todo el sistema familiar, educativo y social tiemble.

Y decimos, ¡NO! No podemos desconocer la creatividad, el gusto por el cambio y la visión crítica que, bien orientada, puede llevar a que ese torbellino de vivencias que llamamos adolescencia permita generar los mayores cambios sociales, políticos, educativos y familiares de la historia. Hacemos un llamado a re significar el ser adolescente boyacense y todo el potencial que generalmente se pierde en un grandísimo temor hacia las vivencias y crisis por las que todos pasamos (y pasaremos) y que, aunque cada día enfrentemos nuevos retos y una sociedad cambiante (y líquida) en la que nada es seguro, nos permite pasar victoriosos y valientes hacia una mejor sociedad… Vamos a comenzar a escribir sobre las realidades adolescentes en Boyacá, desde la óptica más neutral y positiva posible (aunque en ocasiones debamos hablar del polo negativo mencionado al comienzo) para hacer una mejor Boyacá a partir de su recurso más valioso: sus jóvenes… Bienvenidos…


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